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Declaración de intencións


Un texto magnífico de John Senior. Este señor se murió en 2004. Fue profesor de Literatura en la Universidad de Kansas. Escribió un libro memorable: La restauración de la cultura cristiana. Unos argentinos arrojados y luchadores lo publicaron en la editorial Vórtice. Supongo que en buena parte el texto es fruto de su experiencia docente. En la Universidad de Kansas puso en marcha un programa sobre Historia de la Literatura que tuvo unos resultados sorprendentes tanto de éxito de asistencia como de frutos espirituales de conversión, verdaderamente inimaginables. Natalia Sanmartín, escribió una presentación del libro y en ella refiere algunas de aquellas experiencias. El texto es magnífico. Es nuestro programa. 


“Nuestra acción, cualquier cosa que hagamos en el orden político y social, debe tener su fundamento indispensable en la oración, el corazón de la cual es el santo sacrificio de la Misa, plegaria perfecta de Cristo mismo, sacerdote y víctima, en la cual el sacrificio del Calvario se hace presente de un modo incruento. ¿Qué es la cultura cristiana? Esencialmente la Misa.Ésta no es mi opinión personal o de alguna otra persona, o una teoría o un deseo, sino el hecho central de dos mil años de historia. La Cristiandad, que el secularismo llama Civilización Occidental, es la Misa y todo el aparato que la protege y favorece. Toda la arquitectura, el arte, las instituciones políticas y sociales, toda la economía, las formas de vivir, de sentir y de pensar de los pueblos, su música y su literatura, todas estas realidades, cuando son buenas, son medios de favorecer y de proteger el santo sacrificio de la Misa. Para celebrar la Misa es necesario un altar, y sobre el altar un techo, por si llueve. Para reservar el Santísimo Sacramento, construimos una pequeña Casa de Oro, y sobre ella una Torre de Marfil con una campana y un jardín alrededor con rosas y lirios de pureza, emblemas todos de la Virgen María -Rosa Mystica, Turris Davidica, Turris Eburnea, Domus Aurea-, que llevó su Cuerpo y su Sangre en su seno, Cuerpo de su cuerpo, Sangre de su sangre. Alrededor de la iglesia y del jardín donde enterramos a los fieles difuntos, viven los que se ocupan de ella: el sacerdote y los religiosos cuyo trabajo es la oración, y que conservan el misterio de la fe en ese tabernáculo de música y palabras que es el Oficio Divino. Y en torno a ellos se reúnen los fieles que participan del culto divino y realizan el resto de los trabajos necesarios para perpetuar y hacer posible el Sacrificio: producen el alimento y confeccionan el vestido, construyen y salvaguardan la paz, para que las próximas generaciones puedan vivir por Él, por quien el Sacrificio continuará hasta la consumación de los siglos.”

John Senior, La restauración de la cultura cristiana.


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